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El esquí en Cataluña, antes y ahora

Publicado el 01/12/2017

"Con el buen material que hay ahora, una persona joven puede aprender a esquiar más o menos bien en una semana", dice Jordi Monje, que durante quince años practicó esquí de competición y ha dedicado toda su vida profesional a la venta de material de esquí y deportivo. Una de las cosas que ha facilitado el aprendizaje es el hecho de que los esquís son más cortos que hace unos años. "Antes se decía que la longitud idónea del esquí correspondía a la altura de la mano levantada, ahora se calcula que es más o menos la altura de los ojos", dice Monje, que participó en los Juegos Olímpicos de Grenoble de 1968 en la modalidad de luge. "Otra característica de los esquís que se usan ahora es que la cola y la espátula -la parte del delante- son más anchos que la parte central, con lo cual se gira muy fácilmente", afirma.

Sí, esquiar es ahora más fácil que tiempo atrás, al igual que llegar a las pistas. También es más seguro ,las fijaciones han evolucionado enormemente: no tienen nada que ver con la correa que unía la bota con el esquí, y el uso del casco da tranquilidad en caso de caída- y no se pasa tan frío como antes -el clima es más o menos igual pero la indumentaria ha mejorado mucho-. Se mantiene, sin embargo, el alto coste del material y el forfait, que para algunos es una barrera.

Cuando, después de una larga y tensa reunión de trabajo, alguien nos obsequia con una sonrisa y nos dice "este fin de semana voy a esquiar", precisa cada vez más la modalidad que practicará. Y es que hoy hay muchas para elegir, y algunas han ganado fuerza adeptos. Algunos no son nada nuevas, sino que se remontan a los inicios de la práctica del esquí -que en Cataluña es más que centenaria, desde el 1908-, como el esquí nórdico o de fondo. Esta modalidad consiste en seguir circuitos marcados por unas trazas donde se ponen los dos esquís. También es antiguo el esquí de montaña, completamente libre: el camino lo hace el usuario. Ambas son modalidades más económicas y más auténticas que el esquí de pista.

Hoy también está el snowboard (snowboard); el freeski (o esquí freestyle), que consiste en hacer figuras en el aire después de un buen salto; el esquí artístico -que incluye varias submodalidades: esquí acrobático (descenso por una pista haciendo acrobacias y siguiendo el ritmo de la música), esquí de baches (saltos y giros en una pista de gran pendiente y llena de hoyos) y esquí de saltos (piruetas desde un trampolín) -, y el esquí extremo (o esquí freeride), en que se trata de hacer descargas fuera pista, por nieve virgen, saltando piedras, árboles, etc.

"Cuando mi hermano Francisco tenía seis años y yo cinco, subíamos cada sábado de invierno en la Molina con el tren que salía de Barcelona a la una. Marchábamos de la escuela un poco antes, porque entonces se iba a la escuela Sábado mañana ", explica Montserrat Orfila, que comenzó a esquiar en 1942, cuando aún no había ningún remonte en la Molina. "Cuando hicieron el telesquí de Font Canaleta nos sentíamos los reyes", recuerda. En la década de 1950, Orfila participó en numerosos campeonatos como esquiadora del Centro Excursionista de Cataluña. El telesquí de Font Canaleta fue el primero de Cataluña y del Estado: abrió en 1943.

La Molina es la estación de esquí más antigua de Cataluña. La segunda es Nuria -el primer telesquí de esta estación comenzó a funcionar en 1947, aunque se esquiaba desde mucho antes-. Para la afluencia de esquiadores en ambas estaciones, el tren fue determinante. La rivalidad entre Núria y La Molina exteriorizaba en la llegada del tren en Ribes, donde los que se dirigían a coger el tren cremallera y los que continuaban el viaje hacia la Molina s'esbroncaven mutuamente y amigablemente

Cuando no se hablaba de nieve artificial, de forfaits ni evidentemente de postesquí, ni tampoco de los colores de las pistas en función de su dificultad, la indumentaria de los esquiadores era de lo más rudimentaria. La ropa era especialmente voluminosa y pesada, lo que dificultaba los movimientos. Los había que iban vestidos como auténticos exploradores del Ártico y, sin embargo, no tenían asegurado un mínimo confort térmico. Algunas mujeres llevaban faldas. Además, durante los primeros años del esquí en Cataluña, las botas no eran impermeables, y al poco rato de contacto con la nieve los pies ya estaban empapados.

Sorprende saber que durante un cierto tiempo el papel de diario era uno de los elementos de la indumentaria del esquiador. En el Salón del Esquí Catalán de 1936 se recomendaba lo siguiente: "Una pieza valiosa del equipo del esquiador es el papel de periódico. Vale la pena de llevar varias hojas en la mochila (preferiblemente sin imprimir, que puede ser obtenido a las imprentas con poco gasto); sirve de plantilla para los zapatos, absorbe la humedad y mantiene los pies secos y calientes ".

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